Krishnamurti sobre Aquietar la Mente

Título original: Krishnamurti on Quieting the Mind

Por Wes Annac
Waking Times

Traducido por FTG

Me gustaría presentarles una nueva serie de artículos titulada Los maestros hablan. Aquí, vamos a explorar lo que varias conocidas figuras espirituales han dicho sobre una gran variedad de temas, incluyendo a Dios, la iluminación, el camino espiritual y las diferentes formas en las que todos viajamos.

He escrito informes como estos antes, pero la intención es compartirlos con mayor regularidad con más diverso material. De este modo, podemos hablar de las similitudes y diferencias entre lo que varias figuras espirituales dicen mientras exploramos el significado filosófico y espiritual de sus palabras.

Parece apropiado para este primer artículo compartir la orientación de Jiddu Krishnamurti, un respetado maestro espiritual que animó a la liberación de las distracciones, deseos y hábitos de la mente.

Como aprenderemos aquí, la mente ir a cualquier extremo para reforzar su existencia (reforzando así nuestra existencia como seres humanos que estamos separados del Todo), pero la conciencia pasiva de todo lo que pensamos, sentimos y experimentamos nos puede evitar ser susceptibles al condicionamiento de la mente.

En primer lugar, Krishnamurti nos dice que la mente depende de las sensaciones para la supervivencia.

Las sensaciones son de la mente, como son los apetitos sexuales. La mente engendra el apetito, la pasión, a través de la memoria, de la cual derivan las sensaciones gratificantes.

La mente se compone de diferentes y contradictorios intereses o deseos, con sus sensaciones exclusivas; y chocan cuando unos u otros comienzan a predominar, creando así un problema.

Las sensaciones son a la vez agradables y desagradables, y la mente se aferra a lo agradable, convirtiéndose así en un esclavo de ellas. … La mente es el fabricante de los problemas y así no podemos resolverlos.” (1)

Cuando se le permite, la mente superficial se abandona constantemente a las obsesiones.

No es buena mi rebeldía contra lo que es, lo real. El reconocimiento de lo que es no conduce a la alegría petulante y fácil. Cuando me rindo a lo que es, no sólo existe la comprensión de la misma, sino también viene una cierta tranquilidad a la mente superficial.

Si la mente superficial no está tranquila, ella se entrega a las obsesiones, reales o imaginarias; ella se ve atrapada en alguna reforma social o deducción religiosa: el Maestro, el salvador, el ritual, y así sucesivamente. Es sólo cuando la mente superficial está tranquila que lo oculto puede revelarse a sí mismo. Lo oculto debe ser expuesto; pero esto no es posible si la mente superficial está sobrecargada de obsesiones, preocupaciones.” (2)

Si no resolvemos el conflicto entre nuestro consciente y subconsciente, seremos más susceptibles a las obsesiones y además a la distracción.

Puesto que la mente superficial está constantemente en algún tipo de agitación, el conflicto es inevitable entre la parte superior y los niveles más profundos de la mente; y mientras que este conflicto no se resuelva, las obsesiones se incrementan.

Después de todo, las obsesiones son un medio de escape de un conflicto. Todos los escapes son similares, aunque es obvio que algunos son socialmente más dañinos.

Cuando uno es consciente del proceso total de la obsesión o de cualquier otro problema, sólo entonces existe la libertad desde el problema.Para ser ampliamente conscientes, no debe haber condena o justificación del problema; la conciencia debe ser sin elección.

Ser consciente exige amplia paciencia y sensibilidad; requiere entusiasmo y la atención sostenida de manera que todo el proceso de pensamiento pueda ser observado y comprendido.” (3)

Las mentes  ‘superior’ y ‘profunda (subconsciente)’ se parecen en que ambas son los resultados del pasado.

La parte superior de la mente y la mente más profunda no son diferentes; ambas se componen de conclusiones, de recuerdos, las dos son el resultado del pasado. Ellas pueden suministrar una respuesta, una conclusión, pero son incapaces de disolver el problema.

El problema se disuelve únicamente cuando tanto la mente  superior y la más profunda guardan silencio, cuando no están proyectando conclusiones positivas o negativas. Hay libertad del problema sólo cuando toda la mente está completamente inmóvil, sin elección consciente del problema; porque sólo entonces el hacedor del problema no es.” (4)

Al parecer desde lo que Krishnamurti ha dicho que sólo cuando la mente está quieta y nosotros observamos pasivamente la vida podremos poner fin a los conflictos en los cuales prospera la mente.

Esta está bloqueada en los patrones del deseo y la satisfacción, si nosotros no vamos más despacio y tomamos conciencia de que esto está albergado sobre la mayoría de nosotros.

Con esta observación libre de juicios y resultante de un cambio interior, podemos liberarnos de hábitos y adicciones; la mas grande de las cuales es nuestra adicción a los placeres del mundo externo.

Una gran cantidad de buscadores espirituales no están todavía allí, incluyéndome a mí, pero es por eso que tenemos profesores como Krishnamurti; para ayudar a mostrar el camino para aquellos que a menudo se pierden, pero hacen todo lo posible.

En las citas venideras, verás que Krishnamurti estaba seguro de que la única manera de liberarnos es observar con calma y posteriormente salir de la limitación de la mente.

En este pasaje, nos dice que el pensamiento normalmente nubla la experiencia de lo que es.

La comprensión de lo que es no depende del pensamiento, porque el pensamiento en sí es una vía de escape. Pensar en el problema no es entenderlo. Es sólo cuando la mente está en silencio que la verdad de lo que es se despliega.” (5)

El pensamiento nos ata al tiempo, el cual nos amarra al mundo externo y a todas sus cualidades aparentemente importantes.

El pensamiento es vinculante; el pensamiento sólo puede conducir a la vasta extensión de tiempo, el campo en el que el conocimiento, la acción, la virtud, tienen importancia.” (6)

Descubrimos lo ‘nuevo’ cuando el pensamiento está en silencio.

El pensamiento solo puede negar o afirmar, no puede descubrir o buscar lo nuevo. El pensamiento no puede venir sobre lo nuevo; pero cuando el pensamiento está en silencio, entonces puede haber novedad.” (7)

Ya que el pensamiento es un producto de la memoria, este nos aleja de la felicidad cuando lo dejamos intervenir.

No se puede experimentar la vivencia de lo desconocido hasta que la mente deja de experimentar. El pensamiento es la expresión de la experiencia; el pensamiento es una respuesta de la memoria; y siempre y cuando el pensamiento intervenga, no puede haber experimentación. ” (8)

La mente no puede comprender o conectar con el silencio que induce dicha, y las palabras no pueden explicar adecuadamente cómo se siente.

Si este silencio fuera una ilusión de la mente hubiera tenido alguna relación con ella, esta debería rechazarlo a aferrarse a él, la razón lo alejaría o con sutil satisfacción lo identificaría con ella; pero ya que no tiene relación con este silencio, la mente no puede aceptarlo o negarlo.

La mente puede funcionar únicamente con sus propias proyecciones, con las cosas que son de ella misma; pero no tiene ninguna relación con las cosas que no son de su propio origen. El silencio no es de la mente, por lo que la mente no puede cultivarlo o identificarse con el. El contenido de este silencio no puede ser medido por las palabras.” (9)

La mente es solamente pasivamente consciente, nos dice, durante una verdadera experiencia meditativa. La mente no puede realmente ser llamada un observador para entonces, ya que no tiene punto de referencia con el que identificar la etiqueta (o cualquier otra cosa).

La mente no funcionara; estará alerta y pasiva, y aunque consciente de la brisa que juega entre las hojas, no habrá movimiento de ningún tipo dentro de sí misma. No habrá ningún observador que mida y observe. Habrá únicamente ESO, y ESO será consciente de sí mismo sin medida. No habrá principio ni palabra. ” (10)

En nuestra cita final, nos dice que la mente, cuando es controlada por otros o nos controal excesivamente, destruye el amor.

“Es la mente con sus exigencias y temores, sus apegos y negaciones, sus determinaciones e instancias, la que destruye el amor” (11)

Como puedes ver, la solución de Krishnamurti a la crisis espiritual que azota el mundo es dejar de ser gobernados por la mente.

No es que la mente sea mala; es un instrumento increíblemente sofisticado y complejo instrumento que nos ayuda a sobrevivir en este mundo a través del poder del instinto, pero nuestros problemas personales y nuestra carencia general de iluminación nos instan a sucumbir a cada uno de sus deseos y le damos todo nuestro poder.

Sin embargo la embarazosa o aburrida meditación que podría parecerle a algunos, nos da la oportunidad de calmar la mente y entrar en un espacio en el que es demasiado tenue para condicionarnos.Con el tiempo y la práctica, podemos existir en este estado constantemente y ayudar a otros a ver que su susceptibilidad a la mente es la principal causa de su infelicidad.

Más allá de la mente existe el amor verdadero, que es un poder diferente a cualquiera que hayamos presenciado, y esto nos da más de una razón para trascender el acondicionamiento de la mente e invitar a este poder para expresarse a sí mismo.

Eso espera a cualquiera que esté dispuesto a calmar la mente, y si nos abrimos a ello, nos daremos cuenta rápidamente de que la conciencia superior con la que reemplazamos nuestros hábitos y deseos equivocados es infinitamente más gratificante.

Notas a pie de página:

(1)    J. Krishnamurti, Commentaries on Living. First Series. Bombay, etc.: B.I. Publications, 1972; c1974, 102.

(2)    Ibid., 115-6.

(3)    Loc. Cit.

(4)    Ibid., 137.

(5)    J. Krishnamurti, Commentaries on Living. Second Series. Wheaton, IL: Theosophical Publishing House, 1967; c1958, 41.

(6)    Ibid., 167.

(7)    J. Krishnamurti, Commentaries on Living. First Series. Ibid., 44.

(8)    Ibid., 32.

(9)    Ibid., 58.

(10) J. Krishnamurti, Commentaries on Living. Second Series. Ibid., 242.

(11) Ibid., 223

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