El Poder Liberador de la Atención

Por Ramiro Calle

La atención es una preciosa función de la mente que nos permite percibir y percibirnos. En las antiguas psicologías del yoga y del budismo se le ha reconocido un gran poder transformativo y liberador. El entrenamiento metódico de la atención la fortalece, estabiliza y la hace más penetrativa. La atención firme nos será de gran utilidad en nuestra vida diaria y mediante ella podremos conectar mucho mejor con el momento presente y tener más capacidad de observación y percepción. La atención consciente y deliberada se convierte así en una fiable aliada en todas las parcelas de nuestra vida y por algo se le ha llamado “el asilo de la mente” y se la ha comparado a una armadura que nos protege. La atención bien adiestrada es el filtro, custodio y lámpara de la mente.

La atención aplicada sobre uno mismo es de un gran valor para poder descubrirse y conocerse, pero además ayuda a examinar la mente, regularla, formarla y liberarla de todo tipo de negatividades. Al estar más atento de uno mismo, uno vigila sus pensamientos, palabras y actos; previene el automatismo y es capaz de seleccionar lo sano y descartar lo insano. La atención es necesaria para observarnos y conocernos. Mediante la atención drigida a nuestra psicología, nos capacita para captar nuestras reacciones emocionales, hábitos psíquicos, autoengaños, conductas de evasión y puntos ciegos que nos impiden vernos como somos.

El cultivo métodico de la atención, reporta compresión clara, entendimiento correcto, lucidez y acción diestra y consciente. La atención va limpiando la mente de esquemas, viejos patrones, pautas y oscurecimientos, lo que esclarece la visión. Mediante la observación atenta nos conocemos, descubrimos qué hay que transformar en nosotros y nos vamos realizando. Lá atención adiestrada es un medio idóneo para liberar la mente de ofuscación y, por tanto, de avidez y odio.

La atención con la que se trabaja en la vigilancia y observación de uno es la denominada atención pura, que se limita a ver el hecho tal cual es, libre de interpretaciones, justificaciones falaces, pretextos o autoengaños. Se evita el extremo de la autorrecriminación y el de la autojustificación. Así uno poco se va desenmascarando, aunque este desenmascaramiento pueda resultar a veces doloroso, pero siempre constructivo y que invita al desarrollo interior.

Para entrenar metódica y gradualmente la atención, hay que practicar por un lado la meditación y, por otro, estar más atento a las actividades que uno lleve a cabo. La atención es como una flecha con dos puntas. Puede apuntar hacia afuera y estar pendiente del exterior o apuntar hacia adentro y captar todo lo que sucede en nuestro interior. La atención le confiere a todo mayor relieve y peso específico. Es como un diamante en bruto que hay que ir puliendo con paciencia, pero sus frutos son muy numerosos y valiosos. Merece la pena convertir la atención en un faro para caminar por la sinuosa senda de la vida y para poder llevar a cabo el viaje hacia los adentros.

Foto de Ramiro A.Calle.

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