Los Perversos cuentos de Hadas

Título original: Los perversos cuentos de hadas

Por Ramiro A. Calle

Foto de Ramiro A.Calle.

Hay cuentos de hadas que son hermosos, edificantes e inspiradores, pero los cuentos de hadas de esta sociedad son para engañarnos y narcotizarnos y resultan sumamente perversos y disparatados. Una sociedad empeñada en hacernos creer que necesitamos lo que no necesitamos, afanada por hacernos adictos a todo tipo de bagatelas y fruslerías, que valora y afirma el envanecimiento, la prepotencia y la codicia desmesurada en lugar de lo más noble que pueda haber en el ser humano. En los perversos cuentos de hadas se pone todo el énfasis en lo superficial y lo banal y no en lo esencial; se potencia la mezquindad, el egoísmo, la hipocresía e incluso la ruindad. Una sociedad donde no se justiprecia al ser humano como tal, sino que unos pocos encuentran el camino fácil para esquilmar a la mayoría, donde los políticos son verdaderos enfermos de altivez y ambición, donde proliferan alegremente los embaucadores, los timadores pseudoespirituales, y donde los mentecatos obtienen puestos de poder desde donde manipular impunemente a los demás. Una sociedad donde impera lo fatuo, lo gris, lo mediocre. Una sociedad, en suma, y en palabras de Emerson, que confabula contra el individuo. Una sociedad, pues,que se enreda y regodea con Maya, concepto que utilizan los hindúes para denotar que se toma por real lo irreal y por esencial lo trivial.

Se habla mucho del pensamiento positivo hoy en día, pero también buena parte de ello se ha convertido en otro perverso cuento de hadas. El pensamiento positivo no quiere decir evadirse de la contundente realidad, ni pasarse las horas pidiendo cosas el universo, ni empantanarse con falsas teorías consoladoras o analgésicos espirituales. El pensamiento positivo dinámico, y no estático, consiste en mantener y desplegar nuestros persistentes intentos de mejoramiento humano y autodesarrollo a pesar del panorama oscuro que se nos presenta. Hay que aceptar lo que es para poder empezar a cambiarlo si no resulta constructivo y loable. Para ello se requiere lucidez, por desgarradora que fuere, pero desde la misma podremos empezar a cambiar la mente, pues la mente es el mundo y el mundo es la mente. Si algo urge, sí, es cambiar la mente. Ni todas las religiones del mundo, ni todos los profetas o grandes iniciados, ni todos los reformadores, logran cambiar el mundo, porque lo imprescindible es que se modifique la mente y por tanto la conducta y el proceder del ser humano.

Nadie puede liberarse por otro. Ya es hora de que los ídolos de barro declinen, de que la gente se despoje de su minoría de edad emocional y deje de buscar “padres” espirituales y guías que les hipnotizan con falsas promesas. Hay que entrenarse para ver las cosas como son, sin los velos del optimismo ni del pesimismo. Tenemos que evitar dejarnos seducir y embotar por los perversos cuentos de hadas de esta sociedad sin escrúpulos, donde imperan los más poderosos pero no los mejores, lo más ladinos pero no los más bondadosos. En esos cuentos de hadas, los rostros atractivos de las hadas no son mas que máscaras que ocultan feos rostros de altivez y codicia. La tarta oculta dentro la daga. Quieren que nos durmamos más y más, para estar en las manos siniestras de los que te roban el cuerpo y el alma.

Quizá hoy más que nunca haya que buscar refugio en uno mismo. Quizá la revolución realmente necesaria sea la del espíritu. Buda, Lao-Tsé, Mahavira y Jesús fueron los grandes revolucionarios del espíritu y se opusieron con firmeza inigualable a la ortodoxia asfixiante, los sofocantes adoctrinamientos y dogmas, el poder establecido y putrescible y la manipulación de los más poderosos.

Me gusta a menudo recordar esos bellos versículos del Dhammapada que nos aleccionan: ” Verdaderamente felices vivimos sin odio entre los que odian. Entre seres que odian, vivimos sin odio”.

Hay que abrir un canal de luz en la espesa niebla de la mente y empezar a ver. Solo a través de un discernimiento muy lúcido lograremos desenmascarar los juegos del ilusionista y evitar que nos atolondren, empezando a poner en tela de juicio esos perversos cuentos de hadas que no deja de escribir, con renglones de sangre, esta sociedad en la que, como les comento a mis alumnos de meditación, abundan mucho más las buenas personas que las malas, pero se organizan mucho mejor éstas últimas.

Fuente: www.universoholistico.com

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