La Democracia está destruyendo tu Riqueza y Libertad

Título original: Democracy is destroying your wealth and freedom

Por Frank Karsten  |  LewRockwell.com

Tragucido por FTG

Aunque casi todos los países democráticos sufren de gobiernos inflados, el exceso de regulación, elevados impuestos y enormes deudas públicas, pocas personas ven una conexión causal entre estos problemas y el sistema democrático. Para muchos, la solución a estos problemas es más democracia, no menos.

La democracia tiende a ser igualada por muchas personas con la prosperidad, la igualdad, la justicia, la convivencia y la libertad. No hay ninguna evidencia de esto. La democracia se basa en tres principios fundamentales: tú tienes el derecho a votar, tú tienes el derecho a postularte para el cargo, y las reglas de la mayoría. Eso es todo. En ninguna parte está escrito, por ejemplo, que la democracia garantiza el derecho a la libertad de expresión, un derecho que muchas personas enlazan con la democracia. Tampoco hay ninguna razón por la que la democracia deba conducir a la prosperidad.

De hecho, los principios mismos de la democracia dan lugar a procesos que conducen a la sociedad a todo lo contrario de la libertad y la prosperidad.

Los más importantes de estos procesos son los siguientes.

1) El Cortoplacismo

Como Hans-Hermann Hoppe explica en su libro de 2001 Democraciy, The God That Failed (Democracia, El Dios que fracasó), la democracia conduce a la alta preferencia temporal, tanto entre los gobernantes y los ciudadanos. Dado que los políticos elegidos democráticamente están sólo de forma temporal en el cargo, y puesto que no son los dueños de los recursos de que disponen, tienen un fuerte incentivo para gastar dinero en proyectos que los hagan populares, con poca consideración por el futuro. Los problemas que crean a lo largo del camino, como enormes deudas públicas, los dejan a sus sucesores para que los resuelvan. Una sociedad democrática es como un coche de alquiler – o peor: un coche que no es propiedad de nadie y utilizado por todos. Se agota rápidamente.

2) Parasitismo y contienda social

La Democracia es un sistema en el que la gente vota a los políticos de quienes ellos  esperan que los favorezcan con dádivas y privilegios, para el cual el proyecto de ley será enviado a otras personas. En él se establecen los grupos unos contra otros: los habitantes rurales contra los habitantes urbanos, las personas mayores contra los jóvenes, los inmigrantes, los empleadores contra empleados, etc Esto lleva a un comportamiento parasitario y a la lucha social. Este es el resultado del principio democrático de que todas las decisiones importantes están sujetas a la regla de la mayoría, es decir, la regla por parte del Estado, lo que hace a todos un eslabón en el sistema político colectivo. En una sociedad libre, con base en los derechos individuales, las personas con diferentes puntos de vista y los objetivos no se convierten en los enemigos potenciales de los demás. Pueden cooperar con otro tipo de comercio, uno con el otro, o dejar al otro solo- pero no tienen medios coactivos para usar a otros para sus propios fines.

3) Intromisión e interferencia

Aunque muchas personas asocian la democracia con la libertad, en realidad la libertad no está a salvo de la democracia. Si la mayoría (o con frecuencia algún pequeño grupo influyente) lo quiere, ellos pueden intervenir en cualquier tipo de acción voluntaria, transacción o relación – y eso es lo que hacen. Prohíben a la gente a beber alcohol, quemar banderas, hablar en contra de las guerras, ver determinadas películas, “discriminan”, y así sucesivamente. Los gobiernos democráticos continuamente intervienen en las transacciones voluntarias entre compradores y vendedores, los empleadores y los empleados, profesores y estudiantes, médicos y pacientes, inquilinos y arrendadores, proveedores de servicios y clientes, etcétera. También se inmiscuyen en las decisiones personales de la gente: su elección a fumar, usar drogas, a ejercer una profesión en particular (sin una “licencia”), para “discriminar” (es decir, de elegir con quién se quieren asociar), para hacer productos concretos (por los que otros han obtenido una patente “, es decir, un monopolio estatal), etcétera. No hay límite a cuán lejos puede ir esta intromisión. La poca libertad que todavía tenemos en las sociedades occidentales no se la debemos a la democracia, sino a nuestro heredado amor por la libertad.

4) Colectivismo y docilidad

En tiempos pre-democráticos los gobernantes tendían a ser desconfiados y cada nuevo impuesto era visto como una violación de la libertad. Pero las decisiones democráticas se consideran fundamentalmente legítimas porque se supone que han sido hechas por las mismas personas (el pueblo). En tiempos monárquicos en los que pocos podían esperar ganar poder, la mayoría sospechaba de los que estaban en el poder. Pero la democracia deja, al menos en teoría, la puerta abierta para que todo el mundo pueda ganar poder. Esto hace que la gente crea que debe someterse al gobierno de la mayoría. Puede ser que ellos  no estén de acuerdo con las leyes y reglamentos específicos, pero sienten que deben regirse por ellas. Pero, naturalmente, entonces tratar de conseguir que un partido en el poder adopte leyes y reparta el dinero para su propio beneficio. Es así como el gasto estatal creció de aproximadamente el 10% del PIB antes de la Primera Guerra Mundial hasta casi el 50% en la actualidad en la mayoría de los países democráticos. ¿Y por qué tenemos tantas leyes en los libros ahora que es seguro decir que hay una ley para todo bajo el sol?.

5) Corrupción y abuso

Aunque el gobierno de la mayoría es bastante malo en sí mismo, la realidad de una democracia es mucho más sórdida. Desde que el gobierno electo tiene un poder prácticamente ilimitado y controla prácticamente todos los recursos de la sociedad, toda clase de intereses y grupos de presión están trabajando entre bastidores para influir en el gobierno para inclinar las leyes a su favor. Un claro ejemplo son los bancos e intereses financieros que, en conjunto con el gobierno han creado un sistema de papel moneda que controlan y manipulan en su propio beneficio. Pero hay muchos intereses poderosos que utilizan el sistema a expensas del resto de la población: sindicatos, ONG, compañías farmacéuticas, los agricultores, el complejo militar-industrial. Cada ciudadano puede hacer muy poco al respecto. Por lo general no tienen los medios o el tiempo para averiguar lo que está pasando. Lo único que pueden hacer es votar de vez en cuando, pero no pueden mantener a sus gobernantes responsables de sus acciones.

Así que la causa de nuestros males económicos y sociales no es que los políticos equivocados estén en el poder. Es el propio sistema democrático el que causa los problemas. Lo que tenemos que hacer es empezar a cambiar el sistema para que se haga menos y no más democrático. La forma más importante de hacerlo es mediante la eliminación de los poderes del gobierno y la descentralización de la toma de decisiones.

Fuente aquí.

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1 comentario

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