La Identidad Secreta del Bíblico Yahveh

En directa continuidad con el artículo anterior, de John Kaminski, presentamos en castellano ahora el texto recién aludido, que apareció en rumormillnews.com hace ocho años y medio.

 

Firmado por M-Theory, lo que hace es presentar lo que parece ser un resumen de una investigación acerca de nuevos descubrimientos y las consecuentes nuevas interpretaciones acerca de cruciales temas bíblicos, que vendrían a revolucionar lo que hemos estado acostumbrados a oír de parte de los hermeneutas y exégetas oficiales de las religiones en Occidente (para no mencionar a los profesores de religión en los colegios, que llevan décadas deformando la mente de las masas y sólo llevando agua para ciertos molinos).

 

Consideramos de gran valor la exposición de estas nuevas interpretaciones que de ninguna manera van fuera de camino.

 

Todo lo contrario.


La Identidad Secreta del Bíblico Yahveh

–   Revelación Chocante   –
13 Enero 2004

En un discurso del 22 de Septiembre de 2002 ante unos visitantes sionistas cristianos, el Primer Ministro israelí Ariel Sharón afirmó:

“Esta tierra es la nuestra… Dios nos dio las escrituras de propiedad…”

Sin embargo, la investigación académica reciente, incluyendo descubrimientos de un equipo arqueológico de la Universidad de Tel-Aviv, no sólo desestructura el bíblico Antiguo Testamento y las historias de la Torá sobre las cuales descansa esta reclamación, sino que da un crédito antes impensable a la afirmación de un historiador de la Antigüedad [Flavio Josefo] de que los israelitas del Éxodo fueron realmente los hicsos, y por lo tanto de origen asiático.

Para rastrear los fundamentos de esta hoguera bíblica en curso, debemos retroceder hasta 1999.

Todo el infierno se desató en Israel en Noviembre de aquel año cuando el catedrático Ze’ev Herzog de la Universidad de Tel-Aviv anunció:

“Los israelitas nunca estuvieron en Egipto, no vagaron por el desierto, no conquistaron la tierra ni la heredaron a las doce tribus”.

Además, el dios de los israelitas YHWH tenía una consorte, la diosa Asera.

Su conclusión de que el reino de David y Salomón fue a lo más una pequeña monarquía tribal, y en el peor de los casos un mito total, le ha ganado enemigos en el campo de los sistemas tradicionales de creencia judío y cristiano.

Él afirma:

todas las pruebas demuestran que los judíos no adoptaron el monoteísmo sino hasta el siglo VII a.C., una herejía según la tradición bíblica, que lo remonta hasta Moisés en el monte Sinaí.

La investigación arqueológica de la Universidad de Tel-Aviv en Megiddo y el examen de la puerta hexagonal allí la datan en el siglo IX a.C. y no en el décimo como afirmó el investigador de los años 60 Yigael Yadin que la atribuyó a Salomón.

Herzog además declara que Salomón y David están “completamente ausentes en el registro arqueológico”.

Además, un colega de Herzog, Israel Finkelstein, afirma que los israelitas no eran nada más que cananeos nómadas que hacían trueques con los habitantes de las ciudades.

Los estudios del equipo concluyeron que Jerusalén no tuvo ningún status central hasta 722 a.C. en que fue destruida su rival del norte, Samaria.

Sin embargo, lo verdaderamente impactante es el descubrimiento de Herzog de numerosas referencias a Yahweh como teniendo una consorte en la forma de Asera. Las inscripciones, escritas en hebreo por escribas judíos oficiales en el siglo VIII a.C., fueron encontradas en numerosos sitios en toda esa zona.

Para Yahweh, supuestamente el “dios único”, haber tenido una consorte y, de entre todas, a la diosa Asera, es dinamita de un significado de gran alcance.


La Identidad Secreta de Yahweh

El uso de Yahweh como el nombre de Dios siempre ha alimentado la especulación y el argumento filosófico.

El nombre YHWH es tomado como significando “yo soy” o “yo soy quien soy”. También está la intriga de la regla de que su misterioso verdadero nombre no debe ser pronunciado.

La identificación de la diosa Asera (o Aserat) como su consorte en alguna parte dentro de la fe judía original conduce a algunas conclusiones explosivas acerca de la identidad del judeo/cristiano dios del cosmos, el dios monoteísta con quien estamos tan familiarizados en la religión occidental.

Pero antes de mirar a Asera y a lo que ella significa para la identidad de Yahweh, vale la pena echar una mirada a otra diosa, Astarté (Ashtoreth).

Su significado se hará evidente un poco más tarde. Referida como una “abominación” en el Libro 1 de Reyes, Astarté (o Astoret) era una deidad importante en los panteones del Cercano Oriente.

Para los sumerios ella era IN.ANNA (la amada de Anu) y es un personaje importante en las epopeyas sumerias. Para los asirios y babilonios ella era Ishtar; Astoret era su nombre para los cananeos; para los griegos, Afrodita; para los romanos, Venus.

El equivalente más importante sin embargo es la diosa egipcia Hathor, a quien los griegos identificaron con Afrodita. Hathor era la esposa de Horus, el dios de la guerra. Hathor es identificada con el símbolo de la vaca, y las estatuas de ella en la 26ª Dinastía (572-525 a.C.) en Egipto de hecho la representan como una vaca.

Asera (cuyo nombre significa “la que anda en el mar”), supuestamente la consorte del supremo dios El, también era mencionada como Elat (la diosa). Según la tradición de Ugarit, cuyas tablillas de arcilla contienen el más antiguo alfabeto conocido, ella era la consorte de El, y madre de setenta dioses.

Ella también está asociada con Baal y se supone que intercedió ante su marido, el dios supremo, en nombre de Baal, para la construcción de un palacio, a fin de concederle un status igual al de los otros dioses.

En las tablillas cuneiformes de Ras Shamrah (hacia 1.400 a.C.) el líder del panteón era El; su esposa era Aserat-del-mar (Asera). Después de El, el dios más grande era Baal, hijo de El y Asera. Curiosamente, la consorte de Baal es su madre, Asera.

En las tradiciones del Líbano, Baal es equiparado con Júpiter.

Esculturas de Asera en Siria la muestran llevando un peinado egipcio. Ella también fue aludida más tarde como “la vaca”, una referencia a su gran edad.

Significativamente, Baalat (una importante diosa en Biblos) es representada en las esculturas como teniendo cuernos de vaca, entre los cuales hay una aureola. Baalat es de hecho la forma de Asera cuando ella aparece junto a Baal.

¿Pero qué dice esto sobre la identidad de Yahweh? La Biblia siempre ha presentado un cuadro confuso de Yahweh. A la luz de los descubrimientos y conclusiones de Herzog de que la consorte de Yahweh era Asera, esto merece un examen más de cerca.

En Éxodo 6:3 dice:

“Y me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob, como El-Shaddai, pero por mi nombre de Yahveh no me di a conocer”.

En la versión bíblica King James, “YHWH” es traducido como Jehovah.

El uso de “Dios Omnipotente” es una traducción tradicional de “Shaddai”, que se piensa haber significado “Todopoderoso”, pero posiblemente podría estar vinculado a la palabra-raíz acádica “Shadu”, que significa literalmente “montañas”.

Y El-Shaddai es sólo una de las versiones del dios descrito en el Génesis. El-Shaddai literalmente traducido significa “Dios el de las montañas”, pero también está el nombre El-Olam (Dios el eterno), El-Elyon (Dios el más alto) y El-Ro’i (Dios de la visión).

La pregunta obvia es ¿por qué YHWH mismo se da a conocer ante los patriarcas como El-Shaddai?

La respuesta está en las tradiciones religiosas de Canaán, donde se dice que Abraham vivió durante un tiempo, y que fueron llevadas allí por los fenicios. (Por su parte, la raíz de la tradición religiosa fenicia es Sumer).

Dios-el-de-las-montañas tiene un equivalente sumerio.

ISH.KUR, el hijo más joven de Enlil, significa,

Dios el de de las montañas lejanas”.

Ishkur también era conocido como Adad o Hadad en hebreo, el hermano de Nannar/Sin, y era el dios preeminente de Canaán, El-Shaddai.

Según eruditos bíblicos que se concentran en la “Fuente P” para el Antiguo Testamento, Yahweh como nombre es usado primeramente con Moisés en el Éxodo, y es indicativo de monolatría (la adoración exclusiva de uno de muchos dioses) más bien que de monoteísmo.

El nombre Yahweh también puede ser traducido como “soy quien soy”, literalmente un modo de decir “ocúpate de tus propios asuntos”, un modo de disfrazar su verdadera identidad.

Yahweh no aparece sino hasta el Éxodo y, extrañamente, el dios Baal está completamente ausente en el Génesis.


Nota: El-Shaddai todavía es venerado en la fe judía en la forma del Teffilin, una de las dos pequeñas cajas de cuero en forma de cubo que contienen textos de la Torá, tradicionalmente para ser llevadas puestas [en la frente] por varones desde los 13 años. Los Teffilin son llevados puestos en una manera para representar las letras shin, daleth y yod, que juntas forman el nombre Shaddai.

En Éxodo 33:2-3 dice:

“Y enviaré un ángel delante de ti; y expulsaré al cananeo, al amorreo, y al hitita, y al perezeo, al heveo y al jebuseo: pero yo no iré entre ustedes a esa tierra que fluye leche y miel; no sea que yo los destruya en el camino, pues ustedes son un pueblo rebelde”.

Este Yahweh es propenso a la violencia y parece despreciar a su pueblo elegido.

Él es un perfecto equivalente de ISH.KUR (Hadad), cuya tierra está ocupada por los amorreos y los hititas, y es un conocido manifestador de violencia y de desprecio hacia sus adoradores.

La imagen de ISH.KUR, sus características y sus símbolos corresponden a los de Baal. Él es también anti-babilónico y anti-egipcio, como Yahweh. Y como el de Yahweh, el verdadero nombre del cananeo Baal (Hadad) no debe ser pronunciado.

Sobre la base del descubrimiento de Herzog, de las pruebas dentro de la Biblia misma, de las tradiciones sumerias, fenicias y cananeas, la siguiente es una conclusión lógica y una solución a la identidad del dios judío del Antiguo Testamento:

ISH.KUR = Hadad = El-Shaddai = Baal = Yahweh. (El Baal de los cananeos también era conocido como Moloc, a quien examinaremos luego).

Esto indica, como lo hace el trabajo de Herzog, que el pueblo judío evolucionó desde el politeísmo al monoteísmo con la promoción de un dios que era conocido por una multiplicidad de nombres, hacia un dios supremo, Yahweh (cuyo verdadero nombre no debe ser pronunciado), y que ellos adoptaron para este fin no al supremo dios de los panteones, El, sino a su hijo ISH.KUR, Baal, Hadad, El-Shaddai, una entidad que estaba en abierta rebelión contra su padre El, y finalmente ayudado en esta rebelión por su madre y consorte, Asera, (también conocida como Baalat, Astoret y Elat).

Esta entidad femenina fue posteriormente refundida por las tradiciones griegas y romanas en Afrodita y Venus, y conocida anteriormente por los egipcios como Isis.

Una vez que entendemos esto, la etimología del nombre Israel – Is (Isis o sepulcro), Ra (el principal dios del panteón egipcio) y El (Señor, Baal) – tiene un sentido mucho más obvio que la tortuosa derivación de “Yisrael” de la fe hebrea.

¿Pero qué tiene todo esto que ver con la validez de las “Escrituras de Propiedad” dadas por Dios a las cuales Ariel Sharón se refiere?

Muy lejos de la conclusión obvia de que el dios que dio por hecho haber dado la “tierra prometida” a su pueblo elegido era sólo uno de los dioses de un panteón y no el presunto monoteísta único dios del cosmos, los descubrimientos de Herzog confirman ciertas teorías que han estado circulando “por ahí” durante algún tiempo.


Los Hicsos

Como Herzog, el historiador Josefo (c. 37-100 d.C.) negó el relato de los hebreos mantenidos en cautiverio en Egipto, pero él dio un drástico paso más adelante sobre los orígenes raciales de los judíos, que él identificó con los hicsos.

Él posteriormente afirmó que ellos no huyeron de Egipto sino que fueron expulsados debido a que ellos eran leprosos.

Se debe decir que Josefo ha sido vilipendiado a través de las épocas, por haber sido un colaborador romano, tanto por eruditos judíos como cristianos, que han sostenido que la datación del éxodo de los “hebreos” desde Egipto en la Biblia descarta absolutamente su identificación como hicsos.

Sin embargo, Jan Assmann, un prominente egiptólogo de la Universidad de Heidelberg, es completamente rotundo en sus escritos en cuanto a que la historia del Éxodo es una inversión de la expulsión de los hicsos y además que Moisés era un egipcio.

Igualmente Donald P. Redford, de la Universidad de Toronto, presenta evidencia contundente de que la expulsión de los hicsos de Egipto fue invertida para construír la historia del éxodo de los esclavos hebreos en la Torá y el Antiguo Testamento. Su libro que argumentó esta teoría, “Egipto, Canaán e Israel en la Antigüedad”, fue el ganador del Premio al Mejor Libro Académico en Arqueología de 1993 de la Sociedad Arqueológica Bíblica.

Hay evidencia irrefutable de que los hicsos, un grupo mezclado semítico-asiático que se infiltró en el valle del Nilo, se tomó el poder en el Bajo Egipto en el siglo XVII a.C.. Ellos gobernaron allí desde 1674 a.C. hasta ser expulsados cuando su capital, Avaris, cayó ante Ahmosis alrededor de 1567 a.C..

Los hicsos en Egipto adoraron a Set, a quien, como a ISH.KUR, ellos identificaron como una deidad de la tormenta.

Conforme a la “teoría de la inversión”, intelectuales judíos en el siglo VII a.C. cambiaron la historia desde “expulsados” a “escapados”, y como un posterior insulto a su enemigo, Ahmosis, cambiaron y mal-pronunciaron su nombre como Moisés, presentándolo como el líder de una rebelión hebrea. Pero hay también una fuerte probabilidad de dos orígenes separados del personaje “Moisés” mezclados en uno, lo que abordaré luego.

El éxito de Ahmosis en 1567 a.C. condujo al establecimiento de la 18a Dinastía en Egipto. Tutmosis III derrocó al faraón travestido Hatshepsut, y bajo Tutmosis IV las conquistas egipcias se extendieron más allá del Sinaí hacia Palestina y Siria, y alcanzaron hasta Babilonia e incluían a Canaán.

Hacia el final de esta expansión, Amenofis III (1380 a.C.) gobernó un Imperio egipcio cuyas provincias y colonias limitaban con lo que es ahora conocido como Turquía. Este Imperio habría incluído las regiones en las cuales la mayoría de los hicsos expulsados ahora vivían.

Amenofis IV ascendió al trono en 1353 a.C.. Él introdujo un nuevo culto monoteísta estableciendo a “Atón” como el dios supremo y luego él se cambió su nombre a Akenatón.

Casado con la misteriosa Nefertiti, Akenatón se declaró a sí mismo un dios en la tierra, intermediario entre el dios único Atón (Ra) y la Humanidad, con su esposa como su compañera, desplazando efectivamente a Isis y Osiris en la enéada egipcia.

Declarando a todos los hombres como los hijos de Atón, los historiadores sospechan que Akenatón planeaba una religión para todo el Imperio. Él prohibió toda la idolatría, el uso de imágenes para representar al dios, y prohibió la idea de que había más de un dios supremo.

Es junto a Akenatón y su padre Amenofis III que encontramos al segundo Moisés.

Una importante figura durante este período fue confusamente llamada Amenofis hijo de Hapu. Él fue el Primer Ministro (Visir) de ambos reyes. Él es generalmente representado como un escriba, agachado y sosteniendo en sus rodillas un rollo de papiro. Él más que nadie fue responsable de autorizar la religión en la cual los antiguos dioses fueron combinados en un dios viviente, Atón, quien había sido responsable de la creación de la Tierra y de la Humanidad.

El símbolo de este dios, el disco solar, representaba a Ra, Horus y los otros dioses en uno solo. El disco del Sol, en el simbolismo, estaba apoyado entre los cuernos de un toro.

El Hijo de Hapu dice lo siguiente sobre la creación:

“He venido hasta ti, quien reina sobre los dioses, Oh Amón, Señor de las Dos Tierras, pues tú eres Ra, que aparece en el cielo, quien ilumina la tierra con un ojo resplandecientemente luminoso, quien salió del Nou, quien apareció por encima del agua primitiva, quien creó todo, quien generó la gran Enéada de dioses, quien creó su propia carne y dio origen a su propia forma”.

El supervisor del rey en la tierra de Nubia era un tal Mermose (pronunciado como Mermose o Merymose en su sarcófago en el Museo Británico).

Según historiadores modernos, en el tercer año de reinado de Amenhotep, Mermose llevó lejos su propio ejército hacia el Nilo superior, supuestamente para reprimir una rebelión menor, pero realmente para asegurar territorios de minería de oro que suministrarían a su rey la más grande riqueza que a cualquier otro gobernante de Egipto.

La erudición reciente ha indicado que Mermose llevó su ejército a la cercanía de la confluencia de los ríos Nilo y Atbara y más allá.

¿Pero quién era este Mermose? Según el historiador Dawn Breasted, la traducción griega de este nombre era Moisés (Moses).

¿Apoya la tradición judía esta identificación? Según la historia judía no incluida en la Biblia, Moisés condujo el ejército de Faraón hacia el Sur, a la tierra de Kush, y alcanzó las cercanías del río Atbara. Allí él atrajo el amor de la princesa de la ciudad-fortaleza de Saba, más tarde llamada Meroe. Ella dejó la ciudad a cambio del matrimonio.

La confirmación bíblica de tal matrimonio se encuentra en Números 12:1.

“Y Miriam y Aarón hablaron en contra de Moisés por causa de la mujer etíope con quien él se había casado: ya que él se había casado con una mujer etíope”.

El final del reinado de Akenatón está envuelto en el misterio, y dicha investigación está más allá del alcance de un artículo de esta longitud.

En resumen, sin embargo, las teorías van desde la muerte de Nefertiti por causa de una plaga, la propia muerte de Akenatón por una peste o asesinato, hasta el exilio.

El registro libre de dudas, en contraste, señala la vuelta de Egipto a la enéada de dioses y un intento sistemático de borrar todos los vestigios de Akenatón y su culto en Egipto.

Mientras tanto, los expulsados hicsos, según varios historiadores, habían estado viviendo en Canaán.

Precisamente aquí aparece una solución al problema cronológico bíblico de vincular a los israelitas con los hicsos.

Al usar la datación del Éxodo bíblico y comparándolo con la cronología egipcia de la expulsión de los hicsos se produce una laguna de aproximadamente 400 años. Usando los sistemas de fechado de los libros de Jueces y Samuel, este lapso puede variar entre 554 y 612 años.

Sin embargo, hay un claro registro histórico del Egipto posterior a los hicsos extendiendo su Imperio hacia Canaán, la tierra en la cual los hebreos entraron y vivieron, según las fuentes bíblicas, durante 400 años antes de establecer el reino de Salomón.

Los hebreos que vivían en Canaán estaban por lo tanto bajo el gobierno egipcio. Es también aquí en Canaán que nosotros podemos hacer una comparación entre Yahweh y el cananeo Moloc (Baal) y extrapolar una polémica inversión de la historia de Faraón ordenando él ahora la muerte de todos los “primogénitos” en el Éxodo.

Los adoradores de Moloc sacrificaban a sus hijos primogénitos a su deidad mediante un asesinato ritual. Los adoradores de Yahweh en Canaán también eran conocidos por realizar sacrificios de niños de vez en cuando, sobre todo en tiempos de privaciones, aunque la inmolación (holocausto, “todo quemado”) era supuestamente mirada con malos ojos. El corte de la garganta del niño, sin embargo, era aceptable.

Los sacrificios eran llevados a cabo y los restos [de los cuerpos] eran enterrados en el sitio sagrado conocido como Tofet [“el lugar del asadero”].

A veces – aunque raramente, a juzgar por el enorme predominio de huesos humanos infantiles encontrados en el sitio de Tofet por los arqueólogos – eran sacrificados animales como sustitutos.

La Unificación

Las disciplinas históricas modernas que estudian la época bíblica concluyen unánimemente que el libro del Éxodo no pudo haber sido escrito antes del siglo VII a.C., y ciertamente no por el Moisés bíblico, que a lo más es una combinación ficticia de personalidades egipcias.

En Israel mismo, el siglo VII a.C. es el período en el cual la evidencia arqueológica presentada por Herzog sugiere que ocurre la aparición de Jerusalén como un centro cultural.

Por lo que dicen todos los relatos, es un centro cultural que lucha para encontrar una identidad y una nacionalidad para sí y, considerando el descubrimiento de los textos judíos que muestran a Yahweh teniendo una consorte en la forma de Asera, no es difícil hacer calzar estas piezas.

Se sabe que en 639 a.C. Josías, rey de Judá, introdujo amplias reformas religiosas y agregó áreas adicionales de “Israel” bajo su control.

Es durante este período que la “polémica” y la “inversión” de una amplia variedad de fuentes religiosas y culturales fueron reunidas para formar una unidad religiosa y política.

Allí donde la historia no es heroica, como la expulsión de Egipto en la forma de los hicsos, aquella es invertida por los “inquisidores” de Josías.

Allí donde la religión está carente de unidad moral, se entreteje el culto de Atón, satisfaciendo los sistemas de creencia existentes dentro de la región y otorgando al rey Josías la posición del derecho divino mediante la proclamación de un linaje que entronca con Salomón y David – siendo ambos a su vez reemplazos para los ancestros de [el culto a] Atón y su reputación de constructores de templos.

Josías también destruye el templo de Tofet que se dice que ha sido construido por Salomón en el valle de Hinnón, justo fuera de Jerusalén, al sur.

Dentro de este mecanismo de unificación hay obscuridades desconcertantes para justificar los sistemas de creencia existentes, que requieren que el verdadero nombre de Dios sea mantenido en secreto, y para lo cual hay precedentes en los cultos de Baal e ISH-KUR, todo siendo parte de la mezcolanza de la región, y todo diseñado para emparejar las imperfecciones en el nuevo sistema basado en Yahweh.

Se implementa una importante separación de las identidades de Baal-Moloc-Yahweh, aunque la evolución de ISH.KUR a Hadad a Baal y a Yahweh no permanezca encubierta debido a la posterior polémica contra Babilonia redactada bajo la forma del Génesis.

Bien conocido en Egipto, incluso en la época del culto a Atón, era el siguiente pasaje del Libro de los Muertos:

No he robado.
No he codiciado.
No he matado gente.
No he mentido.
No he alterado límites.
No he cometido adulterio.
No he maldecido a un dios.

El proceso de unificación de Josías toma a Moisés, un ideograma que combina al Ahmosis que expulsó a los hicsos y al Mermose que condujo al ejército egipcio a grandes victorias, y lo acredita con la recepción de los Diez Mandamientos en tablillas de piedra.

En realidad, estas leyes son una elaboración a partir de la recién citada declaración.

Agregado a esto está el hecho de que el obscuro “Himno a Atón” del rey egipcio es casi “palabra por palabra” el salmo 104 de la Biblia, con lo que tenemos otra convincente “coincidencia”.

Estas y otras “coincidencias” aparentemente convencieron al renombrado psicólogo Sigmund Freud, que escribe su libro “Moisés y el Monoteísmo” en 1939, de que la fe monoteísta judía tenía sus raíces en el culto religioso de Akenatón.

La unificación de Josías desde luego debería ser aplaudida. Proscribió el culto a Moloc y enfatizó la moralidad espiritual de los Diez Mandamientos. La polémica y las inversiones que añadieron un enfoque heroico a la historia de su pueblo son comprensibles y políticamente astutas.

Pero hacia comienzos de 200 [a.C.], en algún punto a lo largo de la línea, y a diferencia del culto a Atón, la supremacía de la raza es añadida a la fe judía.

En resumen, sin embargo, es el descubrimiento de Herzog de la consorte Asera de Yahweh en los textos judíos y su declaración de una ausencia arqueológica de Salomón o David lo que se constituye en el bisturí que rebana a través de todas las ficciones del bíblico Éxodo y su sugestión del derecho y la supremacía divinos.

Por esta razón, Herzog no debe ser olvidado.

Incluso aunque su erudición sea ignorada por la política del Israel actual, ella contiene una lección para el resto del mundo, y en particular para aquellas naciones que apoyan las doctrinas supremacistas de Israel.

El moderno Israel tiene que afrontar el hecho de que no tiene ningún “derecho divino” a la tierra que ocupa. Israel debe confiar en cambio en un asentamiento equitativo a la luz de su innegable colonización y conquista actual – una realidad que sus opositores deben aceptar – pero sin salirse fuera de los límites definidos por la ley internacional, es decir las fronteras de 1967.

Ésta es una posición realista, la cual la mayoría de los países de la civilización occidental ha aceptado, sin reclamar un derecho divino o una supremacía racial.

Ellos han llevado a cabo esto mediante el reconocimiento de derechos humanos y un estándar internacional de la ley que delimita su comportamiento (en la mayoría de los casos).

Considerando el campo de batalla religioso y cultural sobre el cual Israel está ubicado, y su ausencia de reconocimiento de la realidad moderna, en un mundo armado con armamento nuclear, mientras Israel – armado con aquellas armas – no se separe de las doctrinas de “derecho divino” y “supremacía racial”, seguirá siendo el caldo de cultivo para una lucha contra la injusticia racial y política – y estará en el centro de los procesos geopolíticos del mundo de nuestros días – que podría llevar a nuestra civilización global entera a la destrucción.

Aquella seguramente, en nombre de la Humanidad, es razón suficiente para finalizar tales obsesiones y dogmatismos “bíblicos”. Hacer eso no requiere que abandonemos la fe en Dios.

Nuestra intuición del Creador es tan vieja como la Humanidad y no depende de un viejo tomo polvoriento escrito por hombres ni de palabras de hombres.

Fuente aquí.

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